“Chapu” Nocioni anunció que deja el básquet: “Merece este retiro con todos los laureles”

Ceci y Nocioni, en una visita del 2015 que el ídolo deportivo realizó a su ciudad natal (Foto archivo).

Andrés “Chapu” Nocioni sacudió este lunes al mundo del básquet al anunciar, mediante una carta abierta, su decisión de abandonar la práctica profesional cuando termine su año en el Real Madrid. “Me voy antes de que me echen” es la frase que cierra el primera párrafo de un texto cargado de emociones que lo describen cómo es dentro y fuera de la cancha.

“Es una tristeza muy grande en lo deportivo porque me gustaría verlo jugar hasta los 50 años, pero era algo que ya venía esperando, tengo comunicación casi diaria con él y me sorprendió porque creí que el anuncio iba a ser al final de temporada”, comentó a GálvezHOY Javier Ceci, compañero de las divisiones inferiores y amigo del Chapu, tras conocer su determinación en la red social Twitter.

“Es una decisión que meditó mucho y él merece este retiro con todos los laureles, jugando en el Real Madrid, porque es un deportista que integra la elite del básquet mundial”, agregó “Javi”, quien no descarta “verlo más seguido por Gálvez ahora que deja de jugar, para seguir con el desarrollo de la Escuela de Básquet Chapulines, con quien iniciamos el proyecto”.

Ceci deseó que “disfrute de los últimos meses en la cancha y que sea feliz con esta decisión que ha tomado”, mientras el propio Javier prepara su viaje a España una vez terminada la Copa Santa Fe de Básquet, para encontrarse con su amigo: “Es un viaje que hace mucho tiempo venimos hablando, pero nunca lo pude hacer porque generalmente yo terminaba de jugar después que él”.

En tanto, sobre la posibilidad de una despedida con la camiseta de Ceci dijo que “se comentó en algún momento pero todo es decisión de él, ojalá se pueda concretar: sería un broche de oro, no sólo para él, sino para todos nosotros”.

 

La carta de despedida de Andrés Nocioni

“Después de tantas batallas, he decidido dejar de reventar la botella de agua contra el piso cada vez que me sustituyen, mojando a compañeros, asistentes y plateístas de primera fila. De tirar toallas, de patear bancos, de insultar al aire. He decidido madurar, señores. Me cansé de discutir con los árbitros por fallos que nunca sabremos si fueron erróneos. No quiero que me cobren más faltas técnicas ni tampoco volver a pagar gimnasios o cenas de equipo a cuenta de mis multas. Debo progresar. Lo he meditado lo suficiente. Basta de pelear con rivales, basta de noches sin dormir por victorias con angustia o derrotas que son puñales. Se terminó… Pretendo mejorar mi conducta, mis hábitos. Y como tengo claro que no podré cambiar mi temperamento jamás, ME RETIRO. Me voy antes de que me echen.

Viví como jugué. Fui siempre honesto y entregué mi corazón en cada club en el que estuve; todos los días, todas las prácticas, todos los partidos. Dejo el básquet de la manera en que yo quiero dejarlo: compitiendo en el más alto nivel de Europa y en un club de máxima jerarquía mundial.

En el camino he cumplido muchísimos sueños. Sueños que ni me imaginaba concretar cuando comencé a jugar en el Ceci de Gálvez. Yo tenía como aspiración máxima llegar a Europa y no sólo lo concreté, sino que además sumé una etapa en la NBA. No quiero ponerme nostálgico en esta carta, pero es imposible no mirar en retrospectiva y sorprenderme tirando en un arito todo roto de mi ciudad. Llegué más lejos de lo que esperaba. Compartí camiseta con algunos de los mejores jugadores del mundo. Y me enfrenté a muchos otros de los que veía en fotos. Me descubrí en lo más alto de un podio olímpico con la camiseta que más quise, en una tarde que jamás olvidaré. Grité, sufrí, festejé, lloré: crecí. Nunca me entregué. Ni en los peores momentos, que por supuesto también los tuve.

Debo agradecimiento a muchísimas personas. A mis hijos en primer lugar, que se bancaron tantos cambios de hogar, viajes y ausencias. A mis seres queridos, obviamente: los de mi familia y los de la familia de mi esposa. A distintos compañeros, entrenadores, preparadores físicos, cuerpos médicos. A los árbitros, que con seguridad organizarán una fiesta mañana mismo. A mis agentes. A los amigos que felizmente coseché en cada sitio en el que estuve. Pero sobre todo le debo agradecimiento especial, o absoluto, a mi esposa Paula. Ella fue quien me acompañó durante todo el recorrido, quien me contuvo, me abrazó y me levantó las veces que estuve caído. Yo no estuve solo. Solo no hubiera podido.

Por último, valorar a todos los clubes que me cobijaron en Argentina, España y Estados Unidos. A la Selección, por el enorme orgullo que me generó representarla durante más de 15 años. A la gente de Vitoria (¡cuántos recuerdos de momentos mágicos!) y a la de Madrid, que me demuestra su cariño día a día. En estos meses por delante daré lo mejor de mí, como siempre, para ganar la Euroliga y la temporada de ACB. Sería una despedida perfecta. Y la última oportunidad de robarme una red.

Hasta acá hemos llegado, amigos. Ha sido un camino largo, repleto de piedras, luces, empeño y también grandes satisfacciones. Pero de algo estoy seguro: valió la pena transitarlo”.

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